El deseo siempre esta.


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Es inteligente tomarse un tiempo en el resguardo, hasta encubar lo necesario para que la gravedad no nos

golpee. Aunque es dejándonos guiar por nuestro deseo… como evitamos quedar aletargados en la apatía de lo seguro y logramos que nuestra vida se eleve. 

Hay veces en las que se va deseando cada vez un poco menos, hasta que pasado un tiempo se cree que el deseo ha muerto. Pero el deseo no muere.

El cuerpo anestesia su dolor hasta logra curarlo, pero no por esto desiste ni olvida el resolver las causas de su padecer. Cuando no se sabe alcanzar lo deseado, emulando al organismo, se silencia al deseo para evitar así la frustración. Pero el no escucharlo hace que se valla olvidando su voz y el deseo deja de sernos el aliado proveedor de fuerza y de sentido a nuestra existencia. En la medida que se pierde el “para que” de la vida se va frenando el andar, la apatía nubla la visión y se cree que el deseo ya no esta. Es cuando falta el aliento, a pesar de respirar.


Sin embargo el deseo siempre vive, esta latente esperando a ser tenido en cuenta. Si nos disponemos a escucharlo, seguramente que lo oiremos hablar. Si estuvo demasiado tiempo sin expresarse, puede que al principio murmure apenas tímidas palabras. Pero si sostenemos la actitud de escucharlo y vamos haciéndole caso a sus balbuceantes pedidos, se animará a decirnos cada vez más…; no con insaciabilidad tirana, sino con el amable sosiego de saber que nuestros pasos son consecuentes con los rumbos y metas que nos señala.

En su anhelo de llegar al mar, el sabio río se adapta al terreno sin renunciar por esto a su destino primordial. Puede por ejemplo desearse viajar porque a través del viaje se experimenta asombro ante lo nuevo, el aprender cosas diferentes, la aventura de lo desconocido y/o la libertad de no tener que rendirle cuentas a nadie; pero en caso que resulte realmente imposible viajar, seguramente se pueda mantener la vivencia del asombro, aprender cosas nuevas, la aventura y la libertad de otros muchos modos que sean accesibles. Cuando no se logra satisfacer el deseo tal como se presenta en su forma original, esto conlleva frustración; pero al igual que el río, lo deseado también puede cambiar en lo externo sin claudicar a la dirección hacía la que nos exhorta andar.

Sea como sea, la vida siempre busca superarse. La evolución no se detuvo en la ameba, cual ya tenía todo lo necesario para sobrevivir, sino que a través de ella fue por más.
Todos tenemos una voz que nos invita a elevarnos por encima de lo supuestamente cómodo y de la aparente seguridad. Aceptemos la invitación en todos los pensamientos, en cada sentimiento, con el cuerpo entero y, seguramente, seremos íntegros en nuestro vuelo. 

Juan Antonio Currado

2 comentarios:

  1. Anónimo7/6/13 12:19

    ES-PEC-TA-CU-LAR!!!

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    1. Me alegra saber que te haya resultado "ES-PEC-TA-CU-LAR!!!" el artículo. Gracias por hacermelo saber. Un saludo y que estés bien!

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